Mañana celebramos el día del colectivo LGTBI+, en otras palabras, mañana es el día en que con mayor énfasis reconocemos que el AMOR es libre y aflora entre aquellas personas que simplemente se quieren, sin que nada más importe, sea sexo, condición, etc. Es el día en el que hay que amar la LIBERTAD, aún con mayor ímpetu si cabe.
Detrás de esas siglas, LGTBI+, no hay nada raro, sólo personas.
Lesbianas, Gays, Transgénero, Bisexuales, Intersexuales y otras muchas, cuya expresión de género u orientación sexual no se ajusta a los modelos impuestos por una sociedad demasiado encorsetada. Personas, nada más y nada menos, por muchas etiquetas que puedan tener. Personas que son ejemplo de la diversidad del Ser Humano, de su riqueza, de su variedad,…Personas que como tú, como nosotros, buscan simplemente ser felices.
Nadie puede poner cortapisas porque nadie es dueño del ‘amor’ o de la ‘libertad’. Ante eso sólo queda el respeto y la admiración. El respeto a la persona que ‘ama’ o ‘es’ de forma diferente, sin que ello signifique que sea peor o mejor, y que por ello debe ser tenida en cuenta como ‘igual’, y la admiración por la defensa de ese amor o de esa forma de ser con la que hace frente a tantos obstáculos que esta estúpida sociedad plantea lastimósamente en demasiadas ocasiones y aún hoy en día, donde se presume de tanta tecnología y de tantos adelantos para la vida, pero se hace tan poco por respetarla y admirarla frente a otros ‘dioses’, como por ejemplo son el dinero o la guerra.

Son tiempos de retroceso hacia movimientos, sobre todo políticos, que parecían enterrados: movimientos supremacistas, movimientos radicales, movimientos movidos por intereses puramente económicos y personales, movimientos racistas y xenófobos, movimientos a los que sólo importan los individuos de su misma ideología y que consideran como enemigo al que no la tiene, situándolo enfrente lo antes posible, para defenestrarlo, humillarlo y erradicarlo en cuanto se pueda.
Bien vale pararse a pensar en lo importante que es respetar y hacer valer la condición de persona (con todos los derechos a ser feliz que conlleva) de cualquier ser humano, como reza en la olvidada Declaración Universal de los Derechos Humanos, de las Naciones Unidas (1948), unas Naciones Unidas con altura de miras e ilusiones perdidas.
Se cumple además, el próximo 11 de julio, 20 años del primer matrimonio gay celebrado en España legalmente. En el año 2005, Emilio Menéndez y Carlos Baturin se decían oficialmente el ‘sí quiero’, y sí, sin ninguna duda se han querido con todo su alma, hasta que la muerte de Carlos desgraciadamente los separó.

Cuando nos movemos a lo largo de la Historia, cuánta infelicidad, cuánta ocultación, cuánta persecución y saña contra las personas que aglutina el colectivo LGTBI+. Verdaderamente lamentable que el ser humano se haya comportado así, independientemente del régimen político.
Mirando tiempo atrás, si en España el régimen franquista perseguía a las personas de esta condición para ‘erradicarlos’ en la mayoría de casos con el maltrato, la violencia y la cárcel, no más flexibles fueron en otros estados, supuestamente cunas de las democracias europeas, como el de Gran Bretaña, donde la persecución se extendió hasta 1967 en Gales e Inglaterra, o hasta 1980 en Escocia. Totalmente aberrante, ¿verdad?
Así, personalidades celebres, como el principal artífice de la creación de la máquina para descifrar la codificación de la máquina Enigma del régimen nazi, Alan Turing, fue condenado a prisión por ser homosexual. Allí moriría por ingesta de cianuro, probablemente cansado de tener que verse forzado a luchar contra su condición, contra su propia persona, por una sociedad tan reaccionaria.

Nada importaba. La persona quedaba anulada completamente por el mero hecho de amar de forma diferente, por sentir de forma diferente. ¿Qué mal hay en ello?
Y aunque resulte increíble, comportamientos de rechazo a estas personas, por ser como son, por amar como aman, perduran en nuestros días.
En lo que respecta a Andalucía, el movimiento LGTBI+ empezó a cobrar forma con la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga, fundada en 1977. Fue la primera organización gay que surge en suelo andaluz oficialmente. Tiempos difíciles los de la transición, con lo más rancio del régimen totalmente en activo, a pesar de los inicios de la apertura democrática.

“Estamos cansados de nuestra marginación. Queremos que la sociedad nos comprenda y nos integre en ella… La misma sociedad nos conduce a la prostitución… Lo primero que buscamos es que el homosexual se conciencia de su problemática, que se realice como tal y que afronte la situación. Hay que ser realistas” (Blanco y Negro. ABC 26 de enero de 1977)
El Manifiesto de la UDH no tenía tendencias políticas, a diferencia de otros movimientos compañeros. Así se expresaba de cara “Al pueblo malagueño” exponiéndole ideas como:
- “La iglesia es culpable en primer grado por su visión moral minimalista basada en el concepto de ley natural”
- “Nos vemos sometidos a una represión legal y social por parte del gobierno que ha tipificado nuestra manera de ser diferente como delito”
- Denunciamos que debido a nuestra marginación social el 70% de los homosexuales no encuentra otra salida para subsistir que la prostitución”
- “Abolición de la ley de peligrosidad social”
- “Desaparición de la discriminación social, laboral y cultural de la que somos objeto” Entre otras.

Desde entonces, desde aquellos duros comienzos, muchas son las asociaciones que han surgido en el seno del colectivo en suelo andaluz.
La primera manifestación LGTBI en Andalucía tuvo lugar en Sevilla el 25 de junio de 1978. Fue organizada por el Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA) y se realizó en un contexto social y político donde la homosexualidad aún era perseguida, penalizada y estigmatizada.
En España, la homosexualidad dejó de ser penalizada legalmente el 26 de diciembre de 1978, según el Observatorio Andaluz contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia. Ese día, se aprobó una modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, eliminando los artículos que perseguían la homosexualidad. Aunque la ley fue modificada en 1978, su derogación completa no llegó hasta 1995, con la eliminación de la Ley de Peligrosidad Social por completo.
Así, aunque la despenalización ocurrió en 1978, la persecución legal y social de la homosexualidad no cesó de inmediato. La Ley de Escándalo Público, por ejemplo, se usó durante años para reprimir a personas homosexuales, y la persecución no terminó hasta su modificación en 1983 y derogación en 1989.
Hoy en día el colectivo LGTBI ha crecido mucho con la aceptación por parte de gran parte de la sociedad de sus planteamientos y el cese de la persecución en muchos estados. Se estima que las personas englobadas en el colectivo LGTBI+ pueden constituir un 14% de nuestra población. Claramente, el miedo ha dejado lugar a la esperanza.

Aún así, continúan reivindicando la igualdad legal y social, la protección contra la discriminación, la visibilidad y el respeto a la diversidad, así como el acceso a servicios de salud y educación adaptados a sus necesidades. Además, se busca la erradicación de la violencia y el acoso, especialmente hacia las personas trans y no binarias, y la promoción de una sociedad más inclusiva e igualitaria.
Dentro de la ‘Igualdad Legal y Social’, el movimiento LGTBI+ propone:
Matrimonio igualitario:
Si bien en muchos países se ha logrado la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, el colectivo sigue luchando por la igualdad en otros ámbitos, como el reconocimiento legal de las familias diversas y la protección de sus derechos
Leyes antidiscriminación:
Se busca la aprobación y aplicación de leyes que protejan a las personas LGTBIQ+ de la discriminación en todos los ámbitos, incluyendo el empleo, la vivienda, la educación y la atención médica
Reconocimiento de la identidad de género:
El colectivo trans y no binario reivindica el derecho a la autodeterminación de género, es decir, a que su identidad de género sea reconocida legalmente sin necesidad de procedimientos médicos invasivos o requisitos burocráticos

En lo que respecta a la ‘Visibilidad y Respeto’, el colectivo LGTBI+ reivindica:
Educación inclusiva:
Se busca una educación que visibilice la diversidad sexual y de género, que promueva el respeto y la tolerancia hacia las personas LGTBI+ y que desestigmatice la homosexualidad y la transexualidad.
Representación en los medios:
El colectivo exige una representación justa y diversa en los medios de comunicación, evitando estereotipos y promoviendo la visibilidad de personas LGTBI+ en todos los ámbitos.
Erradicación de la homofobia y la transfobia:
Se lucha por erradicar la violencia, el acoso y la discriminación basada en la orientación sexual o la identidad de género, tanto en el ámbito público como privado.

Por último, respecto al ‘Acceso a Servicios’ se proponen los siguientes aspectos:
Salud integral:
Se demanda acceso a servicios de salud sexual y reproductiva adaptados a las necesidades de las personas LGTBI+, incluyendo atención médica específica para personas trans y la prevención y tratamiento del VIH.
Apoyo psicológico y social:
Se busca el acceso a servicios de apoyo psicológico y social para personas LGTBI+ que puedan estar sufriendo discriminación, acoso o problemas de salud mental relacionados con su orientación sexual o identidad de género.
Acceso a servicios para personas migrantes y refugiadas:
Se reivindica la protección y el apoyo a las personas LGTBI+ migrantes y refugiadas, que a menudo enfrentan mayores niveles de discriminación y violencia.
En Andalucía, el colectivo LGTBI ha experimentado avances significativos en derechos y reconocimiento, aunque persisten desafíos en comparación con otras comunidades autónomas.
Andalucía cuenta con leyes específicas para garantizar la igualdad y no discriminación del colectivo, así como con servicios de atención integral y estrategias para la promoción de la diversidad y la lucha contra la LGTBIfobia. Sin embargo, la realidad social muestra que aún existen desigualdades y discriminación, especialmente en entornos rurales y entre ciertos grupos de edad.

Es por ello que hay que seguir en la lucha por la consecución de los objetivos de igualdad y reconocimiento total que persiguen las diferentes asociaciones, con todo lo que conlleva en cuanto a cambios en la sociedad actual, pero sin entrar en confrontaciones internas que sólo provocan el debilitamiento de las reivindicaciones y que muchas veces obedecen a intereses externos. En otras palabras, la división sólo favorece a los que persiguen volver atrás, a los tiempos oscuros, lejos de la luminosidad de la bandera multicolor.
Verdaderamente el hecho de que personas tan diversas hayan sido englobadas tras unas mimas siglas, a veces supone un reto, por la propias perspectivas diferentes que albergan cada una de ellas, pero sin embargo, su vínculo de unión es el más fuerte, pues a todas les une el querer ‘ser’ y el poder ‘amar’ y ‘sentir’ a su manera, aunque rompan con los cánones impuestos de una sociedad tradicional.
De este modo, fomentar la accesibilidad de las asociaciones y sus recursos se convierte en algo fundamental para que la ayuda en todos los aspectos llegue a las personas de estos colectivos.
Por otro lado, el cambio de mentalidad de la sociedad debe ser cultivado en la educación, no queda otra. ¿De qué sirve conocer la Historia, o las bases científicas que permiten el crecimiento tecnológico, o para qué sirve adentrarnos en la riqueza literaria y comunicativa, si cerramos la puerta de nuestro sistema educativo a la mejora de la convivencia entre la rica diversidad humana?
Andalucía hace años que se subió al carro de esa ‘diversidad’, también en la educación, pero aún así, la divulgación hacia todas las personas en los diferentes niveles de enseñanza debe ser tratada con mucho mimo y rigor, para conseguir precisamente aceptación con total normalidad a la realidad social planteada.
Porque si supuestamente esto se está realizando de manera adecuada en el Sistema Educativo Andaluz, no se explica las agresiones de jóvenes a jóvenes en la propia Andalucía. Lógicamente las enseñanzas familiares también tiene mucho que ver, y es ahí donde debe entrar la Administración Andaluza, para cortar de raíz comportamientos que se originan en el seno familiar, y que incitan al odio y al rechazo al que sencillamente es diferente.
Las administraciones, en general, no pueden permitir actuaciones violentas contras miembros del colectivo, y deben endurecer las leyes para sancionar a aquellos que actualmente todavía son capaces de odiar y maltratar física o mentalmente a estas personas, simplemente por ser y amar en la forma en que lo hacen.
Andalucía este año se manifiesta nuevamente para reivindicar los derechos de la comunidad LGTBI+ y lo hace en todas las provincias, y en todos los pueblos que quieran sumarse a tan bella celebración, pese a quien pese.
¡No faltéis!

«En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida»
Federico García Lorca
Fuentes: Web Andalucía Diversa: ‘andalucialgbt.com’ – Artículo: “UDH, el primer movimiento LGBT Andaluz”

